
Descartes teorizó sobre la duda para construir un modelo científico alejado de los postulados de la Iglesia, institución que controló la educación durante siglos. Su fidelidad al racionalismo y a la capacidad del hombre para juzgar correctamente sin mediadores celestiales le llevó a erigir la duda científica y a construir los cimientos del empirismo.
Descartes puso en cuestión todas las evidencias acumuladas por la ciencia de origen doctrinal para llegar a la verdad legítima, la irrefutable.
En el ciclismo también hay quien duda. Alberto Contador, el reciente campeón del Tour de Francia, no es un científico pese al rigor que impone en su preparación, pero aplica a su futuro la misma incógnita de la que partía Descartes en la gestación de su discurso filosófico y científico.
Alberto Contador no sabe dónde ir pero sí sabe dónde no ir. Ni correrá en el Radioshack de Lance Armstrong, porque entre ambos sólo hay rivalidad y más que ello enemistad, ni lo hará en otro equipo donde el patriarcado deba ser compartido. Bastante ha tenido con el Astaná de Lance Armstrong en el que Bruyneel no tuvo el arrojo suficiente en diciembre para separar objetivos y otorgar al nortamericano la capitanía del Giro (y sólo del Giro) y a Alberto Contador la del Tour (y sólo la del Tour) para evitar las graves tensiones internas que la coincidencia en una misma carrera, con un mismo objetivo y en un mismo equipo, ha propiciado.
Armstrong tampoco ha digerido su tercer puesto. Está de vacaciones en las Bahamas, con su twitter siempre listo para dar cuerda al cinismo, pero no parado. Se mueve y mucho para orquestar un poderoso Radioshack al que se unirán Andreas Kloden, Popovich -uno de los que más me gusta del equipo-, Zubeldia, Leipheimer -uno de los que más detesto-, Rast o Horner.
A la otra orilla se sitúa Alberto Contador. Tiene contrato en vigor con el Astaná pero debería romperlo como sea. Si ya fue eliminado del Tour de 2008 por el positivo de Vinokourov no sobran motivos para pensar que la historia pueda repetirse en el futuro. Tanto en nuevos casos de dopaje como en nuevas exclusiones de la carrera francesa. Y con una ya basta. Además, el Astaná no ha dado evidencias durante la temporada de estabilidad. Al margen de las tensiones internas también ha tenido problemas financieros y sugiere dudas sobre su capacidad para rearmarse tras el nacimiento del Radioshack con un bloque lo suficientemente potente para acompañar a Contador en la montaña y auparle al primer puesto en una contrarreloj por equipos.
En los últimos días he leído que a Contador lo quiere el Garmin estadounidense. Sería un buen destino. Me gusta su estructura, su posición en carrera, la estrategia de su director para mantener siempre arropado al jefe de filas y la evolución que ha experimentado desde su aparición en el pelotón internacional. Wiggins, su actual líder, deja la plaza libre para firmar por el Sky inglés. Eso explica el interés por Contador.
No es ninguna sorpresa tampoco que el Caisse d'Epargne sueñe con Alberto Contador para reverdecer los tiempos dorados de Miguelón Induráin o Perico Delgado. En este caso sí hay un líder en el Caisse d'Epargne, pero no incomoda porque Alejandro Valverde da un perfil distinto al de Alberto. En el Astaná, por contra, la única coincidencia entre Alberto y Lance era el paralelismo del perfil. En el Caisse d'Epargne los problemas son otros para fichar al campeón del Tour'09. Como le ocurrió a la España del XIX, Francia quiso afrancesarla y a Eusebio Unzúe le dan permiso para firmar a Moureau pero no para solidificar la planta española con otro líder capaz de subir al primer puesto del podium del Tour de Francia sin saber los acordes de La Marsellesa. No está descartada la operación, pero tampoco es segura.
Si yo pudiera elegir, si yo pudiera ensayar en los laboratorios de ideas las formulaciones que hipotetizó Descartes a partir de la duda, vestiría a Alberto Contador (a la espera de que con el tiempo frague el proyecto de Fernando Alonso) con el maillot del Liquigas. Es un gran equipo al que le falta un gran líder. Se mueve muy bien en carrera, ha encontrado por el camino a un sorprendente Nivali -el año pasado la criatura entró en l'Alpé d'Huez a 17 minutos de Carlos Sastre en compañía de Zabel, serpentea con destreza en las contrarrelojes por equipos y, por su sangre italiana, está suficientemente dotado para las emboscadas, los abanicos y las trampas. De todas las opciones es la que más me atrae, pero no es más que un deseo.
Apenas unos días después de la conclusión del Tour 2009 se habla más del Tour 2010 que del recién finalizado. Bruyneel, que el año que viene estará al volante del Radioshack, ha dado mucho juego para ello enfrentando con su falta de autoridad a Armstrong y a Contador. Se veía venir y no supo atajarlo a tiempo. Sólo él ha sido capaz en este Tour de demostrar, científicamente, que los polos iguales se repelen y que los opuestos se atraen. La física había descrito este fenómeno desde hace mucho tiempo pero Bruyneel no creyó en sus leyes absolutas e irrefutables. Debió consultárselo a Descartes. Seguro que en su respuesta no hubiera dudado.
V.N.
Próxima etapa: El pistolero Alberto y el escapista Houdini




