miércoles 29 de julio de 2009

¿EN QUÉ EQUIPO DEBE CORRER CONTADOR?


Descartes teorizó sobre la duda para construir un modelo científico alejado de los postulados de la Iglesia, institución que controló la educación durante siglos. Su fidelidad al racionalismo y a la capacidad del hombre para juzgar correctamente sin mediadores celestiales le llevó a erigir la duda científica y a construir los cimientos del empirismo.

Descartes puso en cuestión todas las evidencias acumuladas por la ciencia de origen doctrinal para llegar a la verdad legítima, la irrefutable.

En el ciclismo también hay quien duda. Alberto Contador, el reciente campeón del Tour de Francia, no es un científico pese al rigor que impone en su preparación, pero aplica a su futuro la misma incógnita de la que partía Descartes en la gestación de su discurso filosófico y científico.

Alberto Contador no sabe dónde ir pero sí sabe dónde no ir. Ni correrá en el Radioshack de Lance Armstrong, porque entre ambos sólo hay rivalidad y más que ello enemistad, ni lo hará en otro equipo donde el patriarcado deba ser compartido. Bastante ha tenido con el Astaná de Lance Armstrong en el que Bruyneel no tuvo el arrojo suficiente en diciembre para separar objetivos y otorgar al nortamericano la capitanía del Giro (y sólo del Giro) y a Alberto Contador la del Tour (y sólo la del Tour) para evitar las graves tensiones internas que la coincidencia en una misma carrera, con un mismo objetivo y en un mismo equipo, ha propiciado.

Armstrong tampoco ha digerido su tercer puesto. Está de vacaciones en las Bahamas, con su twitter siempre listo para dar cuerda al cinismo, pero no parado. Se mueve y mucho para orquestar un poderoso Radioshack al que se unirán Andreas Kloden, Popovich -uno de los que más me gusta del equipo-, Zubeldia, Leipheimer -uno de los que más detesto-, Rast o Horner.

A la otra orilla se sitúa Alberto Contador. Tiene contrato en vigor con el Astaná pero debería romperlo como sea. Si ya fue eliminado del Tour de 2008 por el positivo de Vinokourov no sobran motivos para pensar que la historia pueda repetirse en el futuro. Tanto en nuevos casos de dopaje como en nuevas exclusiones de la carrera francesa. Y con una ya basta. Además, el Astaná no ha dado evidencias durante la temporada de estabilidad. Al margen de las tensiones internas también ha tenido problemas financieros y sugiere dudas sobre su capacidad para rearmarse tras el nacimiento del Radioshack con un bloque lo suficientemente potente para acompañar a Contador en la montaña y auparle al primer puesto en una contrarreloj por equipos.

En los últimos días he leído que a Contador lo quiere el Garmin estadounidense. Sería un buen destino. Me gusta su estructura, su posición en carrera, la estrategia de su director para mantener siempre arropado al jefe de filas y la evolución que ha experimentado desde su aparición en el pelotón internacional. Wiggins, su actual líder, deja la plaza libre para firmar por el Sky inglés. Eso explica el interés por Contador.

No es ninguna sorpresa tampoco que el Caisse d'Epargne sueñe con Alberto Contador para reverdecer los tiempos dorados de Miguelón Induráin o Perico Delgado. En este caso sí hay un líder en el Caisse d'Epargne, pero no incomoda porque Alejandro Valverde da un perfil distinto al de Alberto. En el Astaná, por contra, la única coincidencia entre Alberto y Lance era el paralelismo del perfil. En el Caisse d'Epargne los problemas son otros para fichar al campeón del Tour'09. Como le ocurrió a la España del XIX, Francia quiso afrancesarla y a Eusebio Unzúe le dan permiso para firmar a Moureau pero no para solidificar la planta española con otro líder capaz de subir al primer puesto del podium del Tour de Francia sin saber los acordes de La Marsellesa. No está descartada la operación, pero tampoco es segura.

Si yo pudiera elegir, si yo pudiera ensayar en los laboratorios de ideas las formulaciones que hipotetizó Descartes a partir de la duda, vestiría a Alberto Contador (a la espera de que con el tiempo frague el proyecto de Fernando Alonso) con el maillot del Liquigas. Es un gran equipo al que le falta un gran líder. Se mueve muy bien en carrera, ha encontrado por el camino a un sorprendente Nivali -el año pasado la criatura entró en l'Alpé d'Huez a 17 minutos de Carlos Sastre en compañía de Zabel, serpentea con destreza en las contrarrelojes por equipos y, por su sangre italiana, está suficientemente dotado para las emboscadas, los abanicos y las trampas. De todas las opciones es la que más me atrae, pero no es más que un deseo.

Apenas unos días después de la conclusión del Tour 2009 se habla más del Tour 2010 que del recién finalizado. Bruyneel, que el año que viene estará al volante del Radioshack, ha dado mucho juego para ello enfrentando con su falta de autoridad a Armstrong y a Contador. Se veía venir y no supo atajarlo a tiempo. Sólo él ha sido capaz en este Tour de demostrar, científicamente, que los polos iguales se repelen y que los opuestos se atraen. La física había descrito este fenómeno desde hace mucho tiempo pero Bruyneel no creyó en sus leyes absolutas e irrefutables. Debió consultárselo a Descartes. Seguro que en su respuesta no hubiera dudado.


V.N.


Próxima etapa: El pistolero Alberto y el escapista Houdini



lunes 27 de julio de 2009

EL TOUR EN QUE CONTADOR LLEGÓ A LA LUNA Y ARMSTRONG BAJÓ A LA TIERRA


El 16 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en poner un pie en la luna. Así culminó una épica escapada hasta el cielo un equipo norteamericano del que también formaban parte Michael Collins y Edwin Aldrin.

Cuarenta años después de que el Apolo XI se posara sobre la superficie lunar, otro norteamericano apellidado Armstrong, pero de nombre Lance, bajó a la tierra desde la estratosfera en la que se había instalado cuando, hace menos de un año, anunció su intención de volver al ciclismo de competición después de una prolongada inactividad de tres temporadas.

Embriagado por la popularidad, el dinero, la soberbia y la codicia, Lance Armstrong pensó que, en su retorno al ciclismo, le esperaría la gloria del pasado como si una victoria en el exigente Tour de Francia se librara por herencia de sangre y no por la selección natural darwiniana, la misma que consagra al más fuerte y extingue al más débil.

Armstrong volvió a entrenar, recuperó sensaciones adormecidas por los tejidos adiposos y el sedentarismo del deportista retirado y, con la disciplina marcial de los indomables, se empleó con rigor en cada entrenamiento para reencontrarse consigo mismo sobre la bicicleta. Pero el ex campeón que comparte apellido con el famoso astronáuta cometió un pecado grave, un error imperdonable. Pensó que, como le ocurrió a Neil Armstrong en 1969 dentro de la escafandra y el mono blanco acolchado, estaría solo en la luna, sin vida en el exterior, aislado de rivales de su misma clase, su misma sangre, su misma fuerza.

El ejercicio de orgullo que maceró Lance Armstrong durante los meses de invierno en que los ciclistas preparan los compromisos del verano le ha costado caro. No ha ganado porque lo ha hecho Alberto Contador, un corredor con mejores condiciones que el nortamericano, con más fuerza, con más juventud y con la misma resistencia a la presión.

Lance Armstrong ha sido tercero en el Tour y puede sentirse más que satisfecho. Sólo él es capaz de hacerlo. Induráin precipitó su retirada al primer revolcón de su palmarés, cuando se hundió en el Tour y meses más tarde en la Vuelta a España, y otros muchos nombres de leyenda desaparecieron de forma desapercibida del pelotón que tanto les admiró en otros tiempos. Armstrong, por el contrario, no. Ha vuelto con 37 años pletórico de las fuerzas requeridas para auparse al tercer puesto del podium, pero no con las suficientes para batir a Alberto Contador. Antes Lance arrasaba en las cronometradas, ahora se defiende; Antes Lance atacaba en la alta montaña; ahora resiste. Esa es la diferencia, dos mundos distintos donde antes hubo sólo uno. Como el cielo y la tierra: indivisibles pero distintos.

En las cuestas y en las largas rectas de las cronometradas Alberto Contador ha sido mejor que él y que el resto de corredores. Por eso no es descabellado aventurar que el Tour de 2010 reserva a Lance Armstrong y a Alberto Contador un reparto de roles similar al de este año. Bruyneel, que tiene tanto de inteligente como de sumiso, lo sabe y ya ha avisado que Armstrong será, con la casaca del Radioshack, uno de los favoritos al triunfo, pero no el candidato.

De la luna no quiso bajar Armstrong y fue Alberto Contador el que le llevó de bruces a la tierra. Además, el triunfo del ciclista madrileño deja heridas abiertas que Bruyneel no ha sabido administrar dentro del Astaná. Nada nuevo, porque desde que se supo que los dos iban a coincidir en el 'nueve' elegido para el Tour ya se esperaba temporal por el Cantábrico dentro de la formación celeste. Las tensiones obligan a tomar caminos distintos. Lance, al nuevo Radioshack y Alberto, de momento, en el Astaná. En el próximo Tour ambos serán tan enemigos como lo han sido este año. Sólo cambiará el color de su maillot, que ya no será el mismo.

Para entonces, julio de 2010, no hay previsto el hallazgo de vida orgánica en la luna, pero en las alturas cósmicas estará Alberto Contador preparado para tomar la salida. Si Lance quiere llegar hasta él en la vía láctea va a tener que enfrentarse a un grave problema al que tampoco Neil Armstrong hubiera hallado solución en 1969: Alberto es un extraterrestre y Lance sólo un terrícola.

V.N.
Próxima etapa: ¿En qué equipo debe correr Contador?


viernes 24 de julio de 2009

RADIOSHACK y RADIO PIRENÁICA


En la España gris del franquismo, dominada por las sotanas intervencionistas y el capote verde intimidador de la Guardia Civil, surgió Radio Pirenáica para mantener activa la defensa de las libertades que las bombas, los tanques y la aviación alemana de prestado silenciaron en 1939.

En la España gris del franquismo había muchas formas de combatir el régimen sin necesidad de empuñar un fusil. Bahamontes, el legendario grimpeur que estrenó el palmarés español en el Tour de Francia, se negó un día, en plena carrera, a subir a la bicicleta harto de sufrir. Se lo imploró Goddet, el patrón de la prueba francesa, para honrar a su novia Fermina y no hubo reacción. Incluso recurrió a las más altas instancias apelando a Franco pero el águila de Toledo ni pestañeó. Había decidido abandonar y cumplió su propósito.

Radio Pirenáica, como era conocida popularmente Radio España Independiente, creció en el Telón de Acero bajo las faldas de Dolores Ibarruri, la Pasionaria, una mujer que, con independiencia de su ideología, jamás abandonó la acción. Se retiró para siempre cuando murió.

Lance Armstrong vive en las antípodas del argumentario político de Dolores Ibarruri. Si la Pasionaria leyó El Capital, Armstrong adquirió la mayoría de edad para votar por primera vez empapado del ideario liberal y la libre economía de mercado que une en Estados Unidos a demócratas y republicanos. Sin embargo, a los dos les une el inconformismo vitalicio en épocas diferentes.

Lance Armstrong tiene alergia al paso del tiempo y ha decidido crear su propia Radio Pirenáica en el extremo opuesto del planeta desde el que transmitía sus emisiones la emisora rebelde. Ayer anunció que tanto él como Bruyneel pondrán en marcha el nuevo equipo Radioshack del que no han transcendido más revelaciones. Sólo se da por seguro que será una formación conceptuada para ganar el Tour. Otro formato de equipo resulta incompatible con la ambición incontenible del campeón norteamericano.

Radioshack contará con un surtido estelar de ciclistas, con una pléyade de mecánicos, con las mejores manos dedicadas al masaje pero, en el Tour de 2010, hay algo que Armstrong no podrá controlar. Entonces ya no tendrá 37 años, sino 38, y el paso del tiempo, el envejecimiento de tejidos celulares y músculos, proseguirá su camino ajeno a nuevos patrocinadores, nuevos fichajes y nuevos objetivos.

Armstrong sabe que el regreso a la competición, después de tres años de inactividad, en el mismo equipo que Alberto Contador ha sido un error. Si tres dicen que son muchos en una cama cuando se impone el frenesí de la líbido, también dos son demasiados para el primer peldaño del podium. El corredor norteamericano puede sentirse seguro de contar con una gran estructura a su alrededor y un director deportivo sumiso y obediente, pero embutido en el maillot del Radioshack no podrá controlar la juventud y progresión de Alberto Contador ni detener el avance de la maduración de su organismo.

Fausto, a las órdenes de Goethe, vendió su alma al diablo para congelar su envejecimiento y disfrutar del elixir del amor eterno sin lograr su propósito. Armstrong no tiene a quien vender su edad de arrugas incipientes y, por ello, se dedica a comprar bajo el talonario de Radioshack. Su problema es que la capacidad de Alberto Contador ni está en venta ni tiene precio.


V.N.

AVANTE


En el ciclismo todos avanzan. Desde la salida hasta la meta, pero no todos toman la misma dirección. Hay corredores que con el tiempo progresan, como Carlos Sastre o Andy Schleck, otros que con el paso de los años se atascan, como Cadel Evans o Franck Schleck, otros que retroceden, como le sucedió a Miguel Morrás desde que se proclamó campeón del mundo juvenil hasta que abandonó la bicicleta hastiado de las lesiones y los antiinflamatorios, y también hay quienes con la edad se perfeccionan. A esa categorización pertenece Alberto Contador.

Hace dos años, cuando conquistó su primer Tour de Francia, Alberto Contador dejó a los aficionados en vilo en una tórrida tarde de julio con una contrarreloj apurada en la que estaba en juego el maillot amarillo. En aquella ocasión, Contador llegó al final del Tour cansado por las salvas de ataques que dedicó a Rasmussen antes de que fuera expulsado por el Rabobank. Contador aprendió en aquella contrarreloj a sufrir y se comprometió a mejorar esta especialidad. En la cronometrada de esta tarde, Alberto ha cumplido su palabra pero no para progresar, que es un estado ya soñado, sino para adquirir la perfección. Ganar a Cancellara sin llegar a forzar en el descenso, reventar otra vez la clasificación general y obtener la victoria en una contrarreloj exigente y larga, después de dos intensos días de montaña, doctora a Alberto Contador como uno de los grandes del ciclismo.

Como el más fuerte en la montaña y ahora también en las pruebas contra el reloj, Alberto Contador tiene motivos para respirar sin jadeos en lo que queda de Tour y en los siguientes. Si sus rivales quieren hacerle sombra, no les bastará sólo con progresar.


V.N.

miércoles 22 de julio de 2009

YO DE TI NO LO HARÍA, FORASTERO...


Sea porque en el ciclismo las decisiones críticas se toman cuando el pulsómetro apura sus límites o porque el mal de altura no sólo afecta a los alpinistas sino también a los corredores, hay comportamientos en carrera difícilmente comprensibles.

Lo de los hermanos Schleck, ambos corredores del Saxo Bank y desde esta tarde los subalternos de Alberto Contador en el podium del Tour, tiene su tela. El año pasado, en las 21 curvas de la ascensión a l'Alpe d'Huez, hicieron todo lo que estuvo en su mano por descabalgar a Carlos Sastre de su triunfo en la meta y del asalto al maillot amarillo.

Un año después de aquello, Sastre y el trío formado por los Schleck y Riis ya no conviven bajo el mismo techo. Sastre es un ciclista de principios y lealtades y no admitió flirteos con la desconfianza. Desde entonces poco ha cambiado en los hermanos Schleck. Esta tarde, camino de la meta de la etapa reina de los alpes en el Tour, cada uno ha jugado en contra del otro en las ascensiones más decisivas. De su irracionalidad se ha contagiado también Alberto Contador y, cuando andaban emparejados dos Saxo Bank y dos Astanás, ha sacado de rueda a su compañero Andreas Kloden de forma innecesaria.

La acción juvenil de Alberto Contador ha sacado a Kloden del podium y ha dado en bandeja de plata la victoria al Saxo Bank. Con los dos hermanos Schleck tirando del trío y Contador a rueda, le han faltado razones en el santoral universal del ciclismo para disputarles la victoria en la línea de llegada a la que sí hubiera optado en un pulso de dos contra dos con Kloden en la baraja.

La etapa de hoy, además de dejar al descubierto la capacidad de Alberto Contador para ganar el Tour, ha dejado otras interpretaciones ya incontestables. Armstrong está fuerte, muy fuerte, y lo demostró dando alcance a Kloden en el descenso de La Colombiere. Evans ni está ni se le espera y Sastre no es el del año pasado. Cambiar la programación de la temporada para regresar al Giro de Italia no ha sido una buena idea. Ahora le faltan las fuerzas que le sobraron en las carreteras italianas, donde se anotó dos victorias de etapa.

Alberto Contador acaricia el triunfo. Mañana tiene una contrarreloj en la que él, Armstrong y Wiggins deberían ocupar las posiciones de cabeza porque la última cronometrada, la de la tercera semana, se decide más por la capacidad de recuperación que por el pedigrí. El sábado, en una jornada en la que el Saxo Bank deberá pasar al ataque para recuperar el tiempo perdido mañana, puede consagrarse con otra victoria en la cinta de llegada. Pero para ello Alberto deberá correr con inteligencia. Le sobran fuerzas, pero le falta paciencia.


V.N.

martes 21 de julio de 2009

MERITORIO TRIUNFO, MERITORIA RESURRECCIÓN


Si Raymond Poulidor aún corriera, lo haría en el Euskaltel. Poulidor adquirió el reconocimiento de los aficionados por compasión porque el desconsuelo conmueve más que la gloria. En la desgracia se halla dolor, pero también compunción. La pena no deja indiferente. Para la celebración de las victorias no son necesarias las compañías.

Mikel Astarloza llegó este año al Tour con mucho menos peso y el costillar marcado. En un Euskaltel acostumbrado a las trincheras y las escapadas, ya era un avance como para soñar con un buen puesto en la clasificación general o la victoria de etapa, como la conseguida hoy por Mikel Astarloza en la segunda etapa de los alpes del Tour.

El triunfo de Astarloza deja a su paso las fragancias de los perfumes más selectos. Son fáciles de reconocer incluso cuando ha pasado mucho tiempo. La victoria de hoy tendrá el mismo efecto en la memoria de los sentidos porque acaba con la ansiedad del Euskaltel por copar el podium, aproxima la casaca naranja a los diez primeros puestos de la clasificación general, recompensa el esfuerzo honesto de un ciclista siempre combativo y agónico y, por último, culmina el sacrificio de un equipo al completo que, durante la etapa, se dejó la piel sobre el asfalto hasta situar bien colocado a su jefe de filas para pelear por el éxito.

Astarloza se queda con el laurel, pero es una corona prestada. Igor Antón, Amet Txurruka... la legión naranja del Euskaltel, salvo Iñigo Landaluce que se descolgó él con un positivo, ha obtenido lo que tanto ha merecido.

Si el Euskatel resurge, Lance Armstrong no le ha ido muy lejos. Con 37 años y los tres últimos a la bartola, hoy ha despejado dudas sobre su capacidad por luchar por el segundo cajón del podium dado que el primero está reservado para Alberto Contador. La ascensión al segundo puerto del día que ha hecho ha sido propia de su mejor época. Ahora resultará que Lance ya no ataca como antes en la montaña, pero tampoco es fácil descolgarle. Sucedió así el pasado domingo, cuando todos le atacaron, pero cuando le ha tocado responder a él, como ha ocurrido hoy, me ha recordado al Armstrong de otros tiempos, implacable, ambicioso, regio e imbatible.

Para mañana martes toca más montaña. A las doce ya estaré ante el televisor porque al Saxo Bank le toca mover las ramas del cerezo. Se le acaban las oportunidades y los Schleck aún andan con demasiado retraso. Evans está cada vez más fuera de la carrera, Menchov hace tiempo que se puso a hivernar como los grandes mamíferos de la estepa rusa y Sastre aún tiene muchas bazas por jugar pero sólo si tiene la mente puesta en el asfalto. Él también tiene cita pendiente con la resurrección.


domingo 19 de julio de 2009

AHORA SÍ EMPIEZA EL TOUR PARA CONTADOR... Y ACABA EL DE ARMSTRONG


En la cena del Astaná los corredores podrán elegir hoy el segundo plato. Hay para gustos: carne y pescado. Como la etapa de hoy, la única de los alpes con final en alto, en la que Alberto Contador ha empezado a ganar el Tour de Francia y su compañero Lance Armstrong a perderlo. La fortuna de Johan Bruyneel, director del Astaná, es que todo queda en casa. Tensiones incluidas.
Alberto Contador ha ganado la etapa pero ha conseguido mucho más. También se ha vestido con el maillot amarillo, pero mucho más importante que todo ello es haber legitimado su candidatura al primer puesto del cajón en París. Ganar pueden ganar otros; asestar un golpe de autoridad ya es otra cosa. Armstrong lo hacía en otra época. Ahora le corresponde a Alberto Contador aunque a Lance no le guste.
El Tour de Francia, acostumbrado hasta el momento en la clasificación general a diferencias exiguas, mínimas, le ha hecho hoy el guiño esperado durante tantos días a Alberto Contador. Ahora es el líder, es además el líder del Astaná y su diferencia de más de minuto y medio sobre el pequeño de los Schleck tranquiliza más que inquieta. Es mejor escalador y mejor contrarrelojista y lo sabe.
Para Armstrong la carrera cambia. Si Alberto sube, Lance baja. Si Alberto respira, Lance jadea. Va segundo en la clasificación general pero le crecen los enemigos. Parece un oficial del séptimo de Caballería rodeado en solitario de los sioux. Mi admirado Carlos Sastre, el corredor que más rentabiliza sus esfuerzos, le ha dado una lección táctica. No por mucho aparentar se llega más lejos. Ahora Sastre es undécimo en la clasificación general en puertas de una etapa, la del martes, muy afín a su perfil porque exige ataques desde la larga distancia, donde mejor se maneja el líder del Cérvélo.
A partir del martes empieza para Contador el Tour que acaba para Armstrong. A estas horas de la tarde no sé si Alberto cenará carne o pescado. Lo que sí es seguro es que a Lance le espera una difícil digestión.

V.N.